Por: Karolina Zepeda

Fui de viaje, me relaje y pensé. Siempre he mantenido en la postura de no mostrar mis sentimientos a cualquier persona, esta vez me equivoqué. Te veía de vez en cuando, tú con varios años mayor, yo una simple niña. Hoy en día me siento absurda.

Comenzaré esta breve historia de años. Subí las escaleras de aquel edificio, crucé una puerta y te vi. Un joven con linda sonrisa. Me dio pena cruzar palabras. Sin embargo lo hice.

Me dejaste formar parte de tu vida, me encariñé. Dentro de mí sentía lindo. Opté por seguir conversando contigo, todo gracias a mis amigos. Me llevaron a la fuerza para saludarte, una amiga te pidió tu Facebook para mí. Lo recuerdo bien, ese día me dio un ataque asmático. Aún conservo el papel que mandaste aquel día con tu nombre. Un día extraño.

Comenzó una linda amistad, una de las más preciadas que he tenido. Me entendías. Aunque no me creas, yo también te entendía. Los meses fueron pasando y yo comencé a regalarte dibujos, para mi eran dos amigos que se abrazaban, tú lo viste como algo más. Me di cuenta que sentía algo por ti.

anigif_enhanced-buzz-21712-1416309442-4.gifNo quería problemas, mucho menos una relación. Siempre he pensado que son lo mismo. Hablé contigo de una manera madura y te dije que no quería ocasionar problemas, menos en nuestra amistad. Me equivoqué, tu no me veías de esa forma y me sentí incomoda. Como perrito mojado por la calle, me fui. No te vi por semanas.

Volvimos a encontrarnos y a entablar conversación, siempre de temas interesantes, algunas veces con temas insignificantes de por medio. Pero pasábamos tiempo juntos, aunque te molestara de vez en cuando, te extrañabas cuando no asistía. Todo era muy raro. Me dabas ‘señales’ de interés, me confundías mucho. Me sentí muy estúpida cuando me di cuenta.

Pasó un año y yo perdí el interés en ti. Me fijé en mi mejor amigo. Era gracioso, me quería, siempre estaba para mí. Una tragedia nos separó. Ahí me vez hablando de él diario, lamentando su partida. Sin embargo, todo cambió.

Comenzamos a hablar más, salir de vez en cuando, todo se volvió color de rosa. Nos molestábamos, tonteábamos, todo fue lindo. Creí sentir algo por ti, nuevamente, pero no. Te convertiste en mi mejor amigo, siempre lograbas distraerme de las problemáticas que la vida me imponía. Pero al parecer pensaste que me sentía atraída por ti, la confianza también se da entre amigos, no solo en parejas.

Para no hacer estos fragmentos de vida más largo, fue una amistad extraña. Siempre ha estado esa atracción entre nosotros, pero somos cobardes. No hablamos al respecto. El día de hoy, decido terminar con eso. Alejarme, comprender. Ciertas ocasiones mencionaste que me considerabas tu mejor amiga. Cuando te necesitaba no estabas, me abandonabas. Todo por la pereza de escuchar lo que me pasó por estar deprimida. No le puedo llamar ni amigo a una persona que te deja a la suerte cuando más lo necesitas.

Me dejaste. Depositando aquellos recuerdos en el olvido. Sin un beso, un abrazo o un apretón de manos. Simplemente me descuidaste, le diste el camino libre a alguien más para secar mis lágrimas y brindarme esas palabras de aliento que da un verdadero amigo. Poco a poco tomó fuerza, el día que decidí mencionar sobre la situación que me despojaba de esta tierra, simplemente te dio pereza y colgaste. No fue una cachetada, fue una daga desgarrando cada centímetro de mi cuerpo. Te perdí. Mis rodillas temblaron y la cruel gravedad se apoderó de mí llevándome al frío suelo. No dije nada, mis voces interiores se silenciaron.

No supe cómo, pero desperté en mi cama. Me levanté y observé cada detalle de mi rostro. Había llorado, un rojo infierno se apoderó en mis nervios ópticos, ojeras salieron a relucir y mi desgracia fue reflejada en mi piel.

Ya quiero arrancarte y terminar con esto, ya no puedo. Vete lejos, lárgate. Me lastimaste de la forma que más me duele. Tú sabes que soporto perfectamente los engaños y mentiras en una relación, pero en una amistad me matan. Escóndete bajo el mar, ve descalzo por la carretera mientras llueve, que un rayo te parta y te desaparezca. Me consumes cada vez más.

Mi coraje habla. Pero la realidad es que no puedo, me encuentro aferrada a ti. Te necesito cerca, pero lejos a la vez. Me di cuenta que no me mereces, sin embargo no tengo malicia para desearte algo negativo, al contrario. Te deseo lo mejor, que pienses la situación, que encuentres alguien que te vuelva loco, enamórate y se feliz a su lado.

Muchas personas me creen estúpida por preocuparme por ti, desearte lo mejor y pensar que puede volver a haber una linda amistad entre nosotros. Lo siento, pero no te puedo desear el mal. Formaste parte importante en mi vida, me hiciste feliz en algún momento y debido a tus acciones maduré un poco. Cada quien es libre de decir, pensar y hacer lo que le plazca.

Sin embargo, me dueles. Me haces sufrir, estoy harta. Este proceso será difícil. Me sacas canas, arrugas, haces que no duerma, mi ansiedad vuelve. Me provocas de todo. De todo lo malo. Pero ya es momento de dejarte y soltarte para que vayas lejos, por tu propio camino y a tu manera, como siempre lo has hecho. En realidad, tú me perdiste. Te libro de mí.

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