Por: César Madero

Para realizar una acción o ser parte de un suceso; basta con tomar un poco de valentía, ingenio y un poco de locura. Un simple empujón para que en una sola noche te motives lo suficiente como para hacerlo. Pero, las mejores palabras de ánimo provienen de los amigos, tus leales compañeros de fiesta que te miran fijamente y marcan el comienzo de una serie de eventos con una simple frase: “A que no lo haces”.

Cerro de la CampanaEn una pequeña localidad como era Hermosillo en el siglo pasado, desconocemos la razón de esta siguiente ocurrencia, pero se podría decir que es parecida a muchas de las locuras que hacen los amigos que viven ahora mismo en los eventos de sábado por la noche de nuestra Ciudad de Sol.

En diciembre de 1915, un hombre, conduciendo su Mercedes (dice el cotorreo de la región) sin saber, se convirtió en el primero en subir el Cerro de la Campana con el apoyo de un automóvil. El cerro, actual símbolo de la ciudad, apenas había sido abierto al paso público por el gobernador Gral. Luis Emeterio Torres en 1909, ordenando construir la ruta que todos conocemos; el que sirve de acceso para introducirnos a esa maravillosa explanada que nos da una tremenda vista nocturna de nuestra ciudad, allá donde acostumbran posarse nuestras antenas de transmisión que reciben día a día las ondas de nuestras teledifusoras.

Como otro recuerdo del antiguo gobierno porfiriano, es tomado de nuevo por un Revolucionario del nuevo ejército constitucional mexicano. Conquistado por un auto que en lugar de las armas, nuestro protagonista no es nadie más que el Teniente Jesús M. Garza, miembro del ejército del General Álvaro Obregón; simpatizante revolucionario desde la campaña de Madero, la insurrección maderista, en el frente de las tropas del Noroeste, fue seguidor del Ejército Constitucionalista.

Combatiente en  la campaña del Gral. Obregón, fue también uno de los que presenciaron el impacto de  la granada que hizo que Don Álvaro perdiera el brazo, esto ocurrido en los momentos posteriores de la Batalla de Celaya allá por 1914.

El mismo Teniente retiró al malherido General de la zona, llevándolo a una recuperación bastante dolorosa pero afortunadamente, próxima.

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El Teniente Garza había logrado llegar a la cima. Al tratar de volver, el automóvil ya no quiso continuar, el motor se había detenido y ahora se encontraba atascado. No podía bajar por cuenta propia, lo que tuvieron que hacer para bajarlo fue hacer bajar el carro con la ayuda de un grupo de mulas.

No sabemos si fue un reto o la decisión propia del señor Teniente de subir ese Cerro, pero lo que podemos estar seguros es que habrá dicho varios “jijos” o mentadas al auto, al cerro y a su propia persona y a todos los que lo rodeaban.

Ese día, el Teniente Garza, miembro del invicto General Obregón, había perdido una batalla contra el viejo Cerro.

Para todos los Colados de nuestra Historia, pueden seguirme en mi Twitter personal: @RaulMaderoG

Un comentario sobre “El primer auto que subió al Cerro de la Campana

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