Por: Aída Lechuga

Hola colados, el sábado reciente mi perrita enfermo, así que decidí hacer ésta crónica porque se que cuando tu mascota se enferma sientes demasiada impotencia. Tal vez ustedes logren identificarse.

La miras malita, su carita un poco triste -aunque los perros no se expresen como nosotros sabes que hay algo mal-. Sales al patio e intentas acariciarla, hacer que coma un poco o tome agua, que te de una de sus miradas tan peculiares. Nada. Solo se acerca a ti y la única mirada que recibes es diferente. -Me duele- eso sientes que te dice. Aguardas un momento con ella, la acaricias tratando de darle a entender que estás ahí.

Al otro día no hay mejora, sabes que hay algo mal y ahí la llevas a su médico, pero no el de siempre, pues es domingo y no todos abren ese día. Te dicen que estará bien, una infección que con medicamento y suero oral mejorará.

 La intranquilidad y angustia de saber si ella estará bien te consume tanto que ni dormir, comer y concentrarte puedes.

Pasa el siguiente día y no hay mejora, ver su carita y saber que hay algo mal; en sus ojos se refleja todo y tú lo sientes.

Al llevarla de nuevo al médico te dice que es necesario internarla, que sería mejor para ella. Entonces decides que así sea -lo decide tu hermano, él es el que paga- la dejas en un cuarto y le dices -nos vemos pronto- a la que ha sido tu compañera por siete años, que ha viajado contigo de punta a punta, atravesando todo México, te ha hecho hacer corajes y ha crecido contigo.

Al regresar a casa te encuentras con la que es su compañera e hija, esperando por ella y por ti. Pero solo estás tú. Le acaricias el hocico y vas a hacer unas cosas que tienes pendientes. Pero después de un rato escuchas un aullido, pues la pequeña añora la compañía de su madre, nunca a estado sola, entonces la cargas y abrazas tratando de darle a entender que ella estará bien. Ahí te das cuenta que también estás tratando de darte a entender a ti que ella estará bien. Que una de las razones por la que no quieres tener hijos, es que sí apenas y soportas la angustia de tú mascota enferma, será más difícil la de un hijo -además que en estos tiempos salen muy caros-. Y después lo único que te queda es espera y confiar en que tu perrita estará bien.

Y con esto se despide de ti, tu amiga colada Aída Lechuga, cualquier duda o comentario me puedes encontrar en Twitter como @SoyHijadeAtenea. Tengan bonita semana y nos escribimos en la próxima.

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