Por: Andrés Lechuga

Hace unas semanas les compartí una artículo llamado: Una experiencia traumante con Facebook, en el cual les narraba una anécdota escalofriante con la famosa red social.

En esta ocasión describiré algo que llamó mi atención hace unas pocas semanas.

En mi universidad celebramos el aniversario de la facultad de psicología y ciencias de la comunicación (carrera que estudio), por lo cual durante el plazo de tres días se implementaron diferentes conferencias y talleres para alumnos como docentes. Y siendo víctima del virus del teléfono inteligente, tomé ciertas fotografías durante mi estadía en estos eventos para recuerdo, evidencia, compartir en redes sociales, entre otras razones.

Como sea, para no hacer larga esta narración con información innecesaria, iré al grano. Al final de un taller sobre escritura y blogs, me dio por tomar foto a la invitada y a una representante de la sociedad de alumnos; después me cercioré que la foto saliera bien y pasé a tomar asiento. Cuando salí del salón y miré el celular (que había dejado al instante de tomar la foto, es decir que la vista final de la imagen estaba aun allí) me sorprendí por lo que vi. Abajo de la foto aparecía la leyenda: “¿Quieres etiquetar  a… (la representante de la sociedad de alumnos)?”. Debo repetir que tomé la fotografía con la CÁMARA DEL CELULAR, es decir que no fue seleccionada previamente para enviar por una aplicación como Facebook, Snapchat o incluso Whatsapp, y no estoy seguro siquiera de que estas dos últimas aplicaciones tengan este algoritmo de reconocimiento facial.

¿Estas al tanto de lo que te estoy diciendo? Sin consultar, sin permitir, sin siquiera avisar… La cámara se sincronizó con Facebook (porque es la única aplicación en mi celular con ese tipo de información), accedió a mi lista de amigos y reconoció a la compañera de carrera.

Lo del reconocimiento facial no es nuevo, lleva varios años, y aun así resulta impresionante. Esto, que las aplicaciones hagan lo que les plazca sin consentimiento previo, es alarmante. Quien sabe que más harán justo bajo nuestras narices. Aunque, ahora que lo pienso, habría que analizar los términos y condiciones previo a instalarlas en nuestros dispositivos; quizá allí hallemos las escalofriantes acciones que permitimos y que muchos ignoramos.

¿Dudas, opiniones, comentarios? Deposítalos en mi Twitter: @AndresLechugaH

 

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