Por: César Madero

Queridos Colados, el Estado de Sonora cuenta con una gran variedad de manifestaciones culturales y artísticas, incluso varios de ellos están al alcance de la población si usted lector, decidiera caminar solo por las calles de nuestra ciudad de Hermosillo.

Sea cual sea la razón por el cual una obra exista: que sí para llevar a la realidad una idea imaginada por un artista, por el motivo de honrar a un personaje, elaborar el diseño de las puertas y los escudos de un edificio histórico o incluso crear una máquina del tiempo que preserve la visión de un tiempo de vida para las futuras generaciones; en nuestra ciudad, diversas expresiones artísticas pueden hallarse en todas sus formas, tamaños y colores.

Las más valiosas, sobre todo porque estos son recordados rápidamente como parte de la identidad de la región, las estatuas y esculturas cumplen los objetivos de honrar nuestra historia, adornar nuestros recintos urbanos y sobre todo, exitosamente se traduce este esfuerzo de convertir algo que solo se explica como el hecho de “querer crear algo que salió de mi cabeza” a un objeto que existe en nuestra realidad; resistente e imperecedero, elaborado con los materiales correctos.

Desde la figura del C. Luis Donaldo Colosio que se cruza por las calles del Boulevard del mismo nombre, del gran ejemplo de moralidad y virtud que expresa el oficial “Moralitos”, las diversas figuras de Juárez o sobre todo del icónico monumento al fundador de la Ciudad de Hermosillo, Juan Bautista de Anza, que desde su figura siempre inmóvil, en una pose erguida, indiferente montado en su corcel; observa cómo se postra el Sol en el horizonte, dando fin a otro día más.

De todos los anteriores, una se mantiene oculta a nuestra vista, aunque fíjense, nunca tratará de esconderse. Sin embargo, no nos evita pensar que esta escultura construida en cemento no parece quedar del todo con el sitio en el que ha sido mantenida.

P1230048Un personaje de cuento memorable de la literatura universal se encuentra en las afueras de las instalaciones de Radio Universidad (Universidad de Sonora). Hablamos del auténtico caso de la Caperucita Roja en la ciudad de Hermosillo.

¿Cómo se pudo decidir que una escultura de la Caperucita Roja llegara a esas instalaciones? ¿Fue la Caperuza un regalo transferido de algún otro lugar? ó ¿Acaso es que la misma niña, aún en vida, llegó a perderse por un encargo de su abuelita que era una fanática de las coyotas y las pitahayas de seguro, quería algún regalo de las tierras sonorenses y esta chamaca llegó a parar en el punto más transitado y aglomerado de nuestro desierto?

El caso es que si volteamos a la Historia podremos entender ¿Por qué está ahí? ¿Quién lo hizo? Y sobre todo ¿Cómo terminó ahí?

Es de recordar que para la Historia, son los vientos del tiempo los que siempre agitan y llevan al cambio. Todo mérito, tiene una causa y un propósito en algún punto de la época. Pero cuando estas acciones sean consumadas y terminadas, tienden a ser olvidadas, son las mismas arenas que han sido arrastradas por esta fuerza natural imparable las que cubren estas ruinas y hacen a la memoria colectiva olvidar de los antiguos relatos de esfuerzo y de gloria; la ciudad comienza a crecer y se renueva, nuevos hechos e ideas sustituyen a las otras, los nuevos agentes de cambio que heredan la comunidad, alteran lo que existía sin saberlo incluso y buscaran nuevos objetivos y propósitos, el cambio es lo que engulle y deja todo lo que va quedando atrás.

Esta vez no hablamos de movimiento o de un cambio forzado, la Caperucita no fue reubicada y hasta la fecha, no se ha movido ni un milímetro, (ni aunque el lobo a su lado se mantenga al acecho) pero lo que sí ha cambiado es el propietario y la función para el que sirve el edificio en el que se encuentra.

Sí, la función del edificio. En junio de 1959, el gobernador Ignacio Soto inauguró la primera guardería en Hermosillo, ubicada en el Boulevard Abelardo L. Rodríguez y las calles Jalisco y Rosales. Este recinto tuvo el nombre de “Caperucita Roja” (!) como alusión al cuento infantil.

Ya nada más quedamos con este datazo de que el nombre del edificio en algún momento, coincidía con el personaje del que trata esta figura, sobre todo, un baluarte de la educación al ser esta, protagonista de una de las obras predilectas de la lectura básica, pero sin embargo ¿quién hizo esta escultura?

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Francisco Castillo

Fue el Sr. Francisco Castillo Blanco que siendo proveniente de la lejana Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; dejó huella a través del arte sonorense desde el día en que llegó a nuestra ciudad en el año de 1937 para trabajar como pintor, escultor y sobre todo: profesor.

Inculcado por la Academia de San Carlos, es Castillo Blanco el artífice de varias esculturas, relieves y ornamentas que han hablado más de sí mismas que para la vida de este escultor, donde pueden estos encontrarse a lo largo de todo el centro de la Ciudad.

Destacadamente podemos apreciar de su obra las ornamentaciones de las puertas laterales del edificio del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, las esculturas de Minerva y Diana Cazadora que pertenecían a la antigua Plaza Cine Sonora, los relieves del Parque Madero y el dedicado a Morelos en el Internado Cruz Gálvez. Pero aquí en este artículo sobresale nada menos que la Caperucita Roja de Radio Universidad.

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Minerva

De Radio Universidad, ni se diga, un centro radiofónico que ha servido durante tantos años para la cultura y ha formado a tantos expertos de la comunicación del noroeste del país; un proyecto siempre en crecimiento que a la par del constante cambio de las telecomunicaciones, su ubicación ha cambiado tres veces a lo largo de su historia.

Finalmente en 2012, la Radio deja la planta baja de la misma Biblioteca del Museo de la Universidad para albergar el recinto del que alguna vez, fue la guardería “Caperucita Roja” cuya escultura representativa todavía se mantiene en pie, desde el cruce más transitado de la Ciudad.

Es desde ahí, que la joven sigue esperando, justo como recién salida de su propio relato, paseando y jugueteando por los bosques imaginarios con un cesto de mimbre en la mano, tal vez cargando con ella coricos o jamoncillos.

Desde ahí puede verse en su inerte emoción, que se cuida de este lobo astuto que siempre en movimiento se refleja la viva imagen del acelerado crecimiento de nuestra ciudad.

Pero sin embargo, con cada cambio que esta ciudad pueda hacer, ella nunca podría jamás cambiar de lugar. Es de la quietud y la parálisis que la Caperuza pueda lograr poseer una mejor atención, un entendimiento superior de las cosas, conocer el ayer y el hoy de nuestra ciudad, saber cómo era todo antes, saber de la calma en el medio de la tempestad, porque aunque el viento quiera llevarla y ya quisiera ella que esta se agitara, debe ahora mismo explicarnos por ella misma “¿porque siempre se mantiene fija? ¿Porque no se une a nosotros?”

Sí hablara, nos respondería de manera pícara con una mirada suspendida entre la quietud de los bosques bavarianos de su cuento y del ruido desértico de nuestro frenesí urbano: “Es para verte mejor”.

¡Colados! Este es César Madero agradeciendo su lectura y no olviden seguirme en Twitter: @RaulMaderoG y sobre todo, invitar a todos para que sean Colados en la Historia.

 

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