Por: César Madero

Ya es costumbre recibir noticias acerca de jóvenes atletas que cada cuatro años realizan una tarea enorme: representar a su país, participando en los Juegos Olímpicos; uno de los eventos de mayor recepción en el mundo, con un público de billones de espectadores.

Muchos de los encabezados destacan en cada uno de estos periodos de tiempo, la valentía y el esfuerzo con la que estos chicos luchan constantemente desde incluso su nación hogar; para llegar a su meta, el podio más grande y ansiado del deporte mundial.

El objetivo de los participantes mexicanos es esforzarse al máximo, escalar en tan importante evento y conseguir la preciada presea, llevando el nombre de México muy en lo alto.

Desde París 1924, se ha repetido la fórmula de llevar atletas olímpicos clasificados, bajo la comitiva o dirección de un Comité Olímpico Mexicano, cuya organización comenzó en 1901 bajo la tutela de Miguel de Beistegui, embajador de México en Bélgica, ahora nombrado miembro representante mexicano en el Comité Olímpico Internacional con la esperanza de atraer la participación de los países latinoamericanos a los Juegos.

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Delegación abanderada de México en la antesala de la ceremonia de apertura. Alfredo B. Cuellar vestido de charro tradicional, abanderado del equipo olímpico mexicano.

Destaco un suceso previo a este momento: la primera representación olímpica mexicana se dio a cabo en un equipo mixto de polo Norteamericano (Estados Unidos y México) en la edición de los Juegos Olímpicos de 1900; donde este conjunto se llevó la presea de bronce, siendo esta la primera medalla para México.

 

La importancia de los Juegos es el honrar el esfuerzo, la entrega y la dedicación que se centra en la práctica de un deporte, haciendo hincapié en las duras pruebas que estos chicos tuvieron que sortear para superarlos; reconocer el más importante valor de la competencia: el juego limpio y reconocer el logro individual de cada uno de los atletas al clasificar en este certamen.

Citando al Barón de Coubertin, que fue quien organizó las Olimpiadas Modernas: “lo importante no es ganar, si no competir, así como lo más importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha, lo esencial no es haber vencido, sino haber luchado bien”.

Ser participante de los Juegos Olímpicos ya es honroso mérito, destacando también la importante idea de que ellos, han logrado ser uno de los mejores del mundo en su respectiva categoría deportiva.

Llegaron para esta edición en Rio 2016 nada más que 193 atletas de 27 distintas categorías deportivas, 128 en los Olímpicos y 66 en los Paralímpicos (aún pendiente esta de realizarse, hasta septiembre de este año).

Pero lo que importa y lo que se subraya insistentemente en cada discurso nacional, es lo que este esfuerzo significará para nuestro futuro, que bondades hará para nuestra siguiente generación, esperando que estas notables historias de vida deportiva sirvan de inspiración para la juventud mexicana.

Para la preparación de esta nota, accidentalmente me encontré siguiendo la vida de un atleta más allá de su participación olímpica, más allá incluso de su vida deportiva; sino que terminé estudiando su vida profesional. Lo que empezó como un joven instruido por los valores morales de una vida en el deporte, catapultó a la creación de una institución educativa en el estado de Sonora, un legado incondicional para las futuras generaciones.

Cuando los Juegos Olímpicos de Rio comenzaron, me llevaron a indagar un antecedente tanto para el género deportivo nacional como valioso para mi identidad local: ¿cuál fue el primer atleta olímpico originario del Estado de Sonora?

Pronosticando algo no tan lejano como la década de 1970, para mí sorpresa, encontré al primer atleta sonorense en el primer equipo olímpico en llegar a unos juegos bajo la dirección del Comité Olímpico Mexicano: en París 1924.

Un joven originario de Soyopa, miembro del equipo mexicano de atletismo: Herminio Ahumada Ortiz.

El equipo olímpico de 1924

París 1924. En ese entonces, solamente asistieron 15 atletas olímpicos para 3 distintas categorías. Trece de estos miembros formaban parte del equipo de atletismo: dentro de este conjunto se encontraba Herminio Ahumada.

Tristemente, ninguno de ellos tuvo la oportunidad de obtener una presea para México; Ahumada, a la edad de 24 años, no pudo avanzar más allá de la primera ronda de 100 m y de 200 m en la categoría varonil.

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Juegos Olímpicos de 1924: Atletismo. Equipo de México, donde se puede apreciar en el lado derecho de la fila superior a un joven Herminio Ahumada. Imagen actualmente en venta por internet.

Foto principal: Herminio Ahumada Ortiz durante la prueba de los 100 m.

¡Colados! Este es César Madero agradeciendo su lectura de la sección de Historia de Recién Colados. No olviden invitar a todos los que quieran formar parte, leyendo nuestra sección de Colados en la Historia.

Un comentario sobre “Herminio Ahumada Ortiz, primer sonorense en las Olimpiadas: Parte uno

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