Por: César Madero

Es injustificado que un payaso sea un sinónimo de amenaza y menos aún que su paso por la calle, justifique que cualquier persona arremeta contra él o lo agreda físicamente.

Lo que me intriga de este fenómeno espontáneo, injustificado, extrovertido, ausente de toda vergüenza alguna y cuestionable en el sentido de la utilidad y de su ética; es que con el uso indebido de las redes sociales, pueden originar prejuicio y temor, apuntándolo a una figura o algún personaje.

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Esta nueva estrella, nuevo tópico, nuevo tipo de atracción, al llegar a su cúspide no sabrá más que sobreexplotarse gracias a sus aceptados. La usarán como justificación para hacer algo loco, delictivo, inconsciente o muy conscientemente, interferirán y obstruirán de manera muy dañina a nuestro modo de vida, llegando a afectar nuestra realidad y lo importante, a las personas, la violencia no se puede generar por moda.

Esta patología, alimentada por el temor a esta historia de terror electrónica, obligará a la razón a replicar este experimento, intentando repetir de nuevo en primer lugar, lo que hizo popular esta tendencia. Captar la atención del público, creando expectativa pretendiendo crear alarma.

Y es así que obligados, en la responsabilidad de entretener a su futura y probablemente más grande audiencia, se arriesgarán a intentar innovar e inventar un nuevo truco dentro de la norma, estirar aún más los límites de lo permitido en un intento vanal (que diga “banaz.mx”) de conseguir más vistas.

Tal vez por este motivo, en nuestro país se ha intentado, inspirados en algunas fotografías, salir a las calles de noche disfrazados de payasos, siguiendo así una temporal cadena de repeticiones que comenzaron a reportarse a partir de los días finales del mes de septiembre en los Estados Unidos llegando en menos de dos semanas, a la ciudad de Hermosillo.

Imagen tomada de internet.

“¿Y quién es más tonto? ¿El tonto o el tonto que lo sigue?” Sí es que también ya llegan los más valientes usuarios con sus cámaras y hambrientos de likes a salir de noche, a capturar y reportar desde la zona del hecho a los payasos que rondan y pretenden asustarnos. Lo grave es que se encuentran afectando la dignidad de las personas que ganan la vida honestamente ejerciendo el oficio de payaso, esto representa no solo peligro para su integridad física, sino limitante para su tránsito seguro por nuestras calles y peor aún, para ganar el sustento de sus familias.

“¿Pero qué maldad hay en reportar que están estos misteriosos payasos? ¿Intentas culparnos por avisar a la comunidad y asumes que nosotros causamos todo esto? ¿Estamos equivocados solo por temer, por intentar garantizar nuestra seguridad: previniendo y avisando en caso de cualquier suceso?” No, no están mal. Pero estoy en desacuerdo de los que lo explotarán.

Las redes sociales son una gran herramienta para prevenir, informar al momento y tomar extrema cautela respecto a lo mencionado, sí no sabes está bien, si no tienes confianza en ellos y ni te quieres arriesgar a averiguarlo, estás bien en evitarlos, pero lo lamentable es esta labor llevada a cabo por usuarios para tomar esta recomendación anterior como una fuente para usar y hacer oportunismo. Justificando la violencia sobre personas vestidas con este atuendo por el solo hecho de transitar por las calles.

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¿Estarías tú, a las 5 de la mañana yendo con cámara en mano a tirarle piedras a un payaso para captar su atención y así forzar una experiencia nada agradable, capturarla con el simple motivo de hacer un vídeo? ¿Qué pruebas obtuviste? ¿Querías que el payaso te hiciera realmente daño, querías ayudar a la leyenda? ¿No será que te viste como el agresor al lanzarle piedras a un payaso nocturno que además no sabemos nada de él?

Y es que la idea ciega de que todos los payasos son peligrosos toma otro extremo y debería ser pensado, cuando miembros de una colonia se ven persiguiendo a un payaso que con solo encontrárselo ya es justificación para golpearlo sin  motivos para hacerlo. El rumor de estos ataques en respuesta a las apariciones también ya formó parte de las historias de payasos misteriosos que han venido surgidos.

Presuntos homicidios, hechos perpetrados en México por venir ellos a jugarles al valiente. Algo que seguramente será desmentido, pero reenviado más veces entre más personas.

También está la sátira, otros vídeos que aluden a hablar de todo este caso, muchas paletitas de chocolate con carita feliz de gomita son utilizadas, diversión referencial que llega a darle una “malpasada” temporal al que experimenta esta broma, pero sin haber llegado a un peligro real.

¿Será esto una activación publicitaria para promocionar una película que ya está próxima a llegar? No lo sabemos, pero lo que no se irá después de haberse ido este chistecito, serán el miedo mismo, inquietud natural de nuestro sentido de ignorancia y los mismos payasos de oficio, que diariamente, sabrán mirar dos veces por donde van, solo en caso de posiblemente, ser confundidos y perseguidos por las calles.

Si el origen de esto es una activación publicitaria, previa a un debut cinematográfico, esta publicidad resulta no solo carente de toda ética, sino irresponsable y perversa.

¡Colados! Este es César Madero agradeciendo su lectura y no olviden seguirme en Twitter:@RaulMaderoG y sobre todo, recordar consumir su dosis rutinaria de Recién Colados para una mejor información actual.

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