Por: Michelle García

La motivación, es ese no sé qué, esa chispa, que hace que tengas ganas de hacer cosas y luego cosas después de esas, luego desvelarte y estar emocionado entre otras cosas.

Bueno pues, eso, es lo más importante que debemos sentir, les contare como llegue a pensar en ello.

Hace 3 meses en la materia más importante del semestre, el maestro nos puso en equipo a todo el salón (15 personas), para desarrollar el proyecto final entre todos, y si, entramos en pánico porque sabíamos que sería sin lugar a duda, un desastre, aunque mejor pensado, un desafío.

Primero empezamos por repartirnos el trabajo en equipos de 3, (sí, el resultado final fue una capirotada deforme), después nos organizamos para que cada persona estuviera encargada de una tarea en la entrega y finalmente nos repartimos el dinero que gastaríamos por igual.

Como era de esperarse, unos no hicieron su parte, otros la hicieron pero no revisaron por lo tanto no estaba del todo correcta, y unos pocos trataron de hacer todo.

El día de la entrega, esperábamos al maestro, llegó y presentamos nuestro trabajo mediocre. Al terminar, estábamos listísimos para el regaño, el maestro respiro profundamente y comenzó.

Comentó cuales fueron nuestras debilidades y fortalezas a lo largo del semestre, ni siquiera hablo del proyecto, pues, con solo ver nuestras caras de fracaso, era suficiente. Él sabía que pudimos haber hecho un mejor trabajo, y que nos sentíamos como mierda.

Tengo que aclarar que es el mejor maestro que hay en la carrera, es sensible, comprensible, se disculpa con nosotros cuando falta, porque considera nuestra educación muy importante, su método para enseñar es el mejor, siempre te ayuda en lo que necesites, entonces por eso, nos podía tanto quedarle mal. Sentíamos que lo habíamos defraudado.

Con su cara de decepción nos volteó a ver y nos preguntó que fue lo que hizo mal como maestro, también cómo nos sentíamos con respecto al semestre.

Varios compañeros expresaron su cansancio a lo largo de la carrera (ya para los semestres finales ya no puedes más), otros pocos exclamaron su inconformidad con las personas que no trabajaron como ellos y la mayoría simplemente guardo silencio.

Una compañera dijo “siento que nos faltó motivación”, a lo que el maestro respondió, “¿Por qué no estarían motivados? viven bien, están sanos, son estudiantes, tienen familia y personas que los aman, pero lo más importante, es que tienen vida, entonces, no les falta nada. Vean los ojos de sus padres, en realidad véanlos si son tan afortunados de tenerlos a un lado, y observen en sus ojos, la esperanza, cuando les preguntan cómo les fue en la entrega. Claramente se ve el orgullo y la emoción que sienten de tenerte como hijo porque cuando les dices ‘bien’ ellos en realidad creen que te fue bien, ahora, diles que te fue pésimo, que el trabajo fue mediocre, y sus ojos se convierten en otros, ese, es el peor sentimiento que existe”.

Todos con media lagrima de fuera pudimos ver que es completamente normal sentirse sin ganas de hacer algo, a veces, solo por un rato, pero siempre tratar de hacer todo lo que tenemos que hacer, al máximo. Ya si no lo queremos hacer por nosotros, por nuestra familia, por esas personas que nos han hecho lo que somos y que tienen su completa Fe en nosotros.

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